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sábado, 24 de enero de 2009

Bernardo Astudillo


METAMORFOSIS
Del libro LA ISLA DE LOS MUERTOS.


Julia tiene la tendencia a equivocarse cuando me llama. Por razones incomprensibles me confunde con Hernán, aunque Hernán se encuentra muy lejos y desde hace mucho tiempo no sabemos nada de él. Julia lo sigue recordando, sin dudas, y esto, acompañado por el dolor que me ocasiona su confusión, me han llevado a odiar el recuerdo de Hernán. Nada personal, me digo, pero sé muy bien que esta es una manera velada de odiar a Hernán.
Creo que son diez o quince años que no lo veo. Mamá tiene vacíos temporales que sustituyen la memoria. Ella, generalmente, lo recuerda tácitamente, con miradas, con suspiros, con alguna lágrima furtiva, evitando que yo la vea. No puedo evitar que esas expresiones mellen mi tranquilidad y resignación.
La verdad, la desaparición de Hernán fue un beneficio para mi vida, una regalía que no tiene nada de mezquino si consideramos que Hernán representa lo opuesto a mí mismo. Por añadidura me llegó Julia, sus besos y caricias, su cuerpo, sus pensamientos. Algo me dice, sin embargo, que no poseo todo de ella. Me falta su alma, esa alma que todavía recuerda a Hernán. ¿Cómo combatir a un rival invisible, habitante de los recuerdos, de las miradas y de los suspiros? Con todo, mi vida es apacible, de una tranquilidad envidiable. La rutina hace que uno se convierta en un ser mezquino e innoble, aspirando sólo a mantener su statu quo sin que nada interfiera. Debo aclarar que este estado de vida conviene a mis necesidades básicas, desdeñando todo lo demás. No soy excluyente con respecto a los recuerdos, pero mientras más lejos esté la memoria de Hernán, más tranquilo y a salvo me siento.
Pero esto es aparente. Hernán todavía vive dentro de mí como vivía en otro tiempo, cual parásito asqueroso. Me alegro de que se haya ido de nuestras vidas, aunque esto no sea un pensamiento noble. Pero, ¿quién me exige nobleza de pensamientos? Julia ignora todo. Mamá intuye algunas cosas, aunque difícilmente pueda comprobarlo. En una palabra, estoy a salvo.
Julia me llama Hernán. Es una confusión suya, pienso. Julia amaba de veras a Hernán, todavía no lo olvida. He hecho lo imposible por arrancarle el recuerdo, pero aún sigue vivo. Supongo que Hernán está en otra ciudad, en otro país, qué sé yo. Durante estos diez, quince años, he recibido dos o tres cartas suyas, todas fechadas en ciudades distintas, en países distintos. Buenos Aires, Montevideo, Madrid. Supongo que está en España. La verdad, no tengo ninguna seguridad, aunque mamá tiene la intuición de que Hernán está más cerca de lo que imagino. No sería raro encontrarlo de repente en la calle, pero yo lo dudo. De ser así, ya hubiera aparecido.
La lejanía de Hernán me entregó a Julia, lo cual debo agradecer profundamente, ya que Julia representa para mí un sueño hecho realidad. Mujer como ella es difícil de encontrar. No es una belleza común, una modelo de revista, pero sí una mujer apreciable y valiosa como ser humano. Si sólo dejara de llamarme Hernán…
Una manía suya, pienso. A veces mamá también me llama Hernán, confundida y dejándose llevar por el ejemplo de Julia. Creo que cambiaré mi nombre para evitarles la molestia de tratar de recordarme y dejaré de ser yo para convertirme de una vez por todas en Hernán.
He tomado este acuerdo pensando en el bienestar de la familia, para evitar dolores innecesarios.
Finalmente lo he hecho. Un sencillo trámite de dos meses en el Registro Civil, unos cuantos papeles, algunas omisiones, una firma falsa, una fotografía para el carné, la fecha de nacimiento de Hernán, etcétera.
Ahora oficialmente me llamo Hernán. Tengo carné nuevo, cara nueva, carácter nuevo. Ahora soy Hernán, finalmente.
Cuando llegue esta tarde a casa seré recibido como Hernán y nadie mencionará mi nombre. Se habrán olvidado de mí.
Sólo espero que Julia algún día me recuerde como antes se recordaba de Hernán, y tal vez entonces, llevado por el mismo instinto de salvar la salud mental de la familia, el nuevo Hernán decida cambiar su nombre y tomar el mío como disfraz.



Santiago, 12 de octubre de 2005





*Bernardo Astudillo nace en santiago (Chile) en 1962. Colaborador de revistas de índole literaria, donde se cuentan Caballo Negro y La Mancha, publicando artículos de cine. En 2005 aparece su primer volumen de cuentos, El tiempo invertido y otros relatos.
La Isla de los Muertos es su segunda recopilación de relatos.

Dibujo: Marco Antonio Sepúlveda.

miércoles, 7 de enero de 2009

Programa Radial para rato

El Blog del programa de radio sigue con sus actualizaciones. Además no olviden que el programa aparece semana a semana actualizado en http://www.podcaster.cl/category/artes/circuito-literario/

martes, 6 de enero de 2009

El gusano


Recibimos noticias de un libro de Pablo Delgado. Publicamos el prólogo y un fragmento de la obra.

Pablo Delgado, sin editar, no antologado en la historia de la poesía chilena y lejos de ser un poeta maldito, ni siquiera seguidor de Parra, nos frunce su seño para presentar ahora Gusano de Tierra, texto que merodea embates de pocas páginas, que como autor considera su nacer en el ámbito de la escritura. Su trajinar lo hace partícipe de algunos premios y otras menciones a nivel regional. Creador, parte del grupo La Mancha, edita y escribe periódicamente su editorial. Consignado en algunos Blogs con crónicas de fuste, y mencionado en otros sitios donde germinan proclives autores.
Nacido en Viña del Mar, inicia su gesta hacia la poesía editando textos, plaqués, y cuadernillos para otros autores. Hoy, consagra en esta edición su ya tan hematomatizado discurso poético convertido en este libro.
GUSANO DE TIERRA
Decepcioné al gusano:
Lo que ella hizo, lo que ella habló eso es verdad.
Porque no soy verdad yo, ni es verdad ella ni eres verdad tú.
Alguien que va a ser dice algo que no es.
Todas las bocas son necias; todas las palabras, necesarias.
De VENUS EN EL PUDRIDERO
Eduardo Anguita
Yo, pobre gusano de tierra.
A menudo
y sin reconocer las hojas
espero
que la gracia sea sobre nosotros,
que somos tan solos cada mañana.
Que infundimos el temor a tu raíz
de tanto
quedarnos en ella.
Al fin, rehaciendo tu historia de húmeda
perseverancia. Me detengo, doy vuelta la tierra
casi con la certeza de que la luz me atraviesa los
ojos. Y sigo allí, plantado como tú, creciendo
apestado a musgo, contemplando la espesura
que ha dejado tu polen.
Que al rigor de esa posición
y temblando los tallos
surges como otras cosas que disueltas caen
y se recogen.
Cuando he concebido entre nosotros
decretos de afán, para unirnos
en nuestro breve espacio.
Ya consagrado a esta faena. Donde se abren los
témpanos y lejos de las luces, me fui en vértigo
con la roca.
Allí, centrando el paisaje, ensordecí mis ojos
reptando el costado de la piedra.
Crezco con la certeza de tu olor hacia las galerías
fecundadas. Me detengo en la dureza de la
piedra, recorro tus tallos; esa longitud de temblor
y frío buscando la bruma del jardín entre tus
pétalos.
Por los brotes
y trozándola quebrada,
sin que nada fuese playa
o bruma bajo donde tender la baba.
Posados y babeando
el anillo húmedo del roce.
volteamos la sombra
en clave dejada por el árbol.
Ahí estaré
nuevamente con mis visiones,
amortiguada luz que retrocede.
Que trepa
que ocupa lugar frente a mis ojos
violetas de tanto pasado
de pálidos escombros.
Serpenteo como el gusano, el cual por
resignación, por simple hecho impostergable
acude hoy por hoy al lugar donde te he conocido.
Ceñido a la sombra delos tallos
y secos ya como paja,
olfateo la fruta.
El hueco de las pepas busco,
el vacío puro de tu pulpa
donde aguardar mi lengua.
(Fragmento del libro GUSANO DE TIERRA).

domingo, 28 de diciembre de 2008

Borrador de proyectos



















Como todos los años, se hacen proyectos sobre las actividades del próximo.¿Qué se puede esperar en el Círculo Literario?

En primer lugar, abrir el segundo concurso literario Pablo Guíñez, que en el año pasado fue convocado para poesía y que ahora podría estar dirigido a la narrativa. Recordemos que en 2008 el premio fue un libro de pequeño formato, pues es la mejor manera de premiar a un escritor: publicando su obra. Esta vez podría ser una cantidad de relatos para un volumen algo mayor, pues el narrador necesita mayor amplitud para expresarse. En el primer certamen se estableció que los concursantes debían habitar en Maipú. Sin embargo, el requisito resultó limitante, porque no fueron muchos los trabajos presentados. De mantenerse la restricción, habría que desplegar mayores esfuerzos en dar a conocer el concurso y obtener una concurrencia más relevante. Factor importantísimo lo constituye el jurado y por lo tanto, habría que obtener la colaboración de escritores de la talla de los poetas Raúl Zurita y José María Memet, que actuaron en el primer evento.

Otra actividad de máximo interés es la continuidad de la Revista Cultural Maipú, para la cual no hubo presupuesto durante el 2008 en el Depto. de Cultura, ya que sólo apareció a fines de año un ejemplar editado por la Municipalidad en forma directa.

La tercera parte del futuro proyecto podría ser la participación en los Fondos Concursables del Círculo, que permitan difundir la literatura entre la población de la comuna, contribuyendo así al fomento del libro y la lectura.

En el pasado se reunían integrantes e invitados en los cafés literarios, lo cual fue interrumpido al no contar con espacios adecuados, ya que la Biblioteca Municipal no dispuso de tardes libres este año, además de decidir la presentación de sus propias tertulias literarias y el Teatro Municipal estuvo ocupado íntegramente por oficinas. Como ahora se han trasladado al edificio consistorial ya en buenas condiciones, existe posibilidad de retomar esta costumbre, para lo cual se estudiaría la mejor forma de hacerlo con buen éxito. En las anteriores ocasiones se han presentado autores de la organización dando a conocer sus obras, se ha invitado a escritores de otras comunas o se ha dado cita a diversos participantes en torno a una idea central. Es una buena ocasión de reunir a diversas personas a tomar parte en una conversación de un tema literario con el apoyo de la música y artes visuales en la reconfortante compañía de un café.

Otra actividad de interés sería organizar talleres literarios en las diversas juntas vecinales, para acercar a los jóvenes las herramientas necesarias para mostrar y desarrollar su obra poética o narrativa.

Hay un punto que personalmente me interesa desde hace tiempo: los libros artesanales y los libros objeto. Los hay hermosos, prácticos, tremendamente creativos. Deseable sería obtener la asesoría de personas que practiquen este arte, aprender las diversas técnicas y comenzar a armar nuestros propios libros en pequeñas cantidades, para compartir con otros centros literarios.

Ahora, invito a los demás integrantes del grupo a sugerir sus propios proyectos. Termino deseando a todos un nuevo año fructífero en actividades y obras concretas, además de pasarlo bien con muchísima salud.

martes, 23 de diciembre de 2008

LA NÚMERO 49


Este cuento de Amanda Espejo, recibió Mención Honrosa en el Concurso Literario "Recordando a Gabriela y Pablo" 2008.
LA NUMERO 49



A Bernardino Ureta, desde siempre - o por lo menos, desde que era capaz de recordar -, le cargaban las flores; especialmente, cuando se encontraban dentro de una casa. Posiblemente, este disgusto le había sido heredado de su padre, un hombre tan tosco como empecinado , características talladas a golpes de cincel sobre su persona durante años y años de trabajo doliente en las minas ya extintas de carbón.
Bernardino padre, solía decir que las flores eran para los muertos, y cada vez que doña Emma, su mujer, se atrevía a poner tres o cuatro de ellas en un florero, por disimulada que fuese, el hombre acababa descubriéndolo y lanzándolas por la ventana.
- Las flores, a los cementerios. No quiero malos augurios en mi casa.
Y entonces Emma, sin esperar que se lo repitieran, entre aterrada y sometida, terminaba barriendo de prisa los restos de tallos quebrados, de pétalos esparcidos y vidrios rotos, antes de que su hombre hiciese lo mismo con ella.
Una imagen como esa fue la que se le vino a la cabeza a Bernardino esa tarde, al entrar a su casa y ver sobre el esquinero de la entrada un recipiente de loza imitación chino, con seis rosas amarillas recién abotonadas. Seguramente Antonia, su mujer, hubo de ponerlas allí. ¿De donde las habría sacado? No lo sabía. Habría que preguntárselo a ella cuando llegase, es decir, cuando se le diera la gana de llegar, porque últimamente, a él cada vez se le hacían más largas las salidas de su Antonia los días en que a él le tocaba llegar primero a casa y esperar.
Esperar era algo que exasperaba a Bernardino un poco más que las estúpidas flores que le daban la bienvenida, y tanto o más aún que su implacable soledad. La soledad lo perturbaba, lo disminuía y lo hacía acabar, inevitablemente, enfrentado a su propia persona. En aquellos momentos, a él no le gustaba lo que veía. No le gustaba tener que preguntarse ni contestarse nada. Desconfiaba de sí mismo, de la intención de sus preguntas y de lo torcido de sus respuestas. Menos todavía soportaba el estar solo y tener que esperar por algo o alguien en particular. En esas ocasiones solía pensar que la vida era - y había sido - injusta para con él, y una rabia profunda y viscosa comenzaba a apoderarse de sus pensamientos sin que pudiera hacer nada para evitarlo. Lo peor de todo, era que Antonia lo sabía. Hacía ya más de dos años, cuando decidieron vivir juntos, ambos se habían sincerado y contado uno al otro sus sueños, sus temores y todo lo que en general, esperaban de su convivencia. Las promesas habían surgido dulce y espontáneamente de los labios de Antonia. Las de él, fueron roncas y temblorosas; no por ello menos emocionadas. Ella, conociendo su pasado de soledades, le había prometido no dejarlo nunca solo y dedicarse, en lo posible, sólo para él.
Así había sido durante casi un año. Luego, vino el deseo manifestado por ella de trabajar algunos días a la semana.
- Es por el tiempo que me sobra... - le dijo - , y también para ayudarte con los gastos. Total, sería en el horario en que tú no estás en casa.
Bernardino aceptó muy a su pesar. No tenía argumentos como para oponerse: ambos, de mutuo acuerdo habían decidido postergar el momento de ser padres. Ella, por su extremada juventud y pensando en prolongar lo más posible su luna de miel. Él, sin atreverse a decirlo, para no compartir con nadie el amor de su Antonia. Estaba sediento de ello, aún antes de conocerla.
Es por eso que Bernardino no entendía los cambios que se habían suscitado a partir de esa decisión. Al principio, la cuestión de los horarios había andado bien: casi siempre coincidían en la llegada o, mejor aún, ella se le adelantaba y le esperaba alegre y dispuesta a compartir los sucesos del día.
Algo cambió a partir del tercer mes; así lo creía Bernardino. Las horas de ella se fueron haciendo más y más largas y él, contra todo su deseo, se encontró tres tardes a la semana solo y esperando que ella apareciera por la puerta y le diera sentido a su vida.
Esa tarde, mientras esperaba le daba vueltas a su rabia y no podía explicarse qué era lo que estaba pasando en su vida; qué o quienes la estaban destruyendo. Sólo dos meses antes, Antonia, con lágrimas en los ojos y su mejor sonrisa le había asestado el primer golpe mortal.
- Mira - le dijo apenas él entró, al tiempo que le pasaba un aparato pequeño y desconocido para él -. ¿Te fijas en esas rayitas?
Él negó con la cabeza, mientras un puño apretado se regocijaba en su estómago.
- Es un test, y significa...que vamos a ser papás.

Tirado en el sillón, mientras unas sombras verdosas se adueñaban de las paredes de la casa, a Bernardino le dio nauseas el tan sólo recordarlo. Nada había sido igual para él después de ese momento. Un silencio hosco, también heredado de su padre, se fue enraizando en él , y Antonia, SU Antonia, embelesaba como estaba en su nuevo estado, apenas si le prestaba atención.
Diez para las ocho de la noche la puerta se abrió y el umbral se vistió de Antonia. Él la observó en silencio por unos segundos antes de saludarla. Intercambiaron el beso de costumbre y ella le hizo notar la hermosura de las flores que había puesto para simbolizar su alegría. Él asintió en silencio, mientras pensaba - no sabía por qué - que el amarillo sentaba bien a las facciones de Antonia y al pardo tranquilo de sus ojos. Cenaron como siempre; luego, él quiso brindar y abrieron un vino blanco que vertieron alegres en sus copas.
- Voy a brindar... por el último brindis - dijo ella, mientras alzaba el brazo y lo invitaba a compartir el gesto.
Ante el desconcierto de él, Antonia rió y explicó:
- Es el último, porque debes saber que una futura mamá no debe seguir bebiendo.
Bernardino asintió de nuevo y apuró su copa hasta el final.
No quiso acostarse cuando ella se adormiló con la bebida. Se quedó un rato más en el sillón de vinilo rojo mientras recorría con la mirada todo su pequeño entorno, todo lo logrado por él hasta ahora para compartirlo entre dos. Toda una familia como la que siempre quiso, pero, de a dos. Definitivamente - y al decir de su padre -, él era un cobarde, y este nuevo mundo que se le auguraba no era el que siempre soñó forjarse. Se sintió más sólo que nunca allí, en la sala, mientras Antonia respiraba al compás del sueño. Sin darse cuenta y sabiéndolo a la vez, se puso de pie y fue hasta la cocina. Buscó el resto de vino y lo bebió de la botella hasta el concho. Luego, abrió el cajón de la izquierda y sacó un cuchillo pequeño, pero filoso: el que usaba ella para cocinar. Se dirigió al dormitorio y avanzó hasta quedar al lado de la cama y de su Antonia. La miró con más atención que nunca: ya no le pareció tan bonita, ni su rostro tan inocente como antes...seguramente, a causa de sus mentiras. Ahora estaba seguro: Antonia lo había engañado desde un principio, sino, no se explicaba un cambio tan radical en su persona y en sus planes. Ella sabía, SABIA cuanto detestaba él la soledad. Sabía que un amor repartido entre tres, cuatro , o los que sean, se va debilitando hasta que no queda más que el deber y la costumbre. Él se lo había planteado, le había contado de su niñez en desarraigo, de la brutal indiferencia del padre, de los hermanos que nacían como conejos y del sufrimiento de su madre, secándose de año en año hasta convertirse en un despojo sin restos de sonrisas en su olvidado rostro.
Bernardino nunca quiso - y se lo había jurado - eso para él. Fue por ello que sacó fuerzas y, sin hacer ruido se inclinó sobre el cuerpo indefenso de Antonia posando, suavemente, el cuchillo sobre su garganta. No quería violencias. No las soportaba ni tampoco las necesitó: un empujón firme y decidido cercenó de un corte la traquea de Antonia sin escenas desagradables.
Dado los últimos acontecimientos policiales de ese año, se suponía que debería terminar su actuación auto infiriéndose los cortes necesarios para causar su propia muerte o, al menos, evitar ser tratado como la bestia que había interpretado. No pudo hacerlo. Como siempre lo había sabido, él era un cobarde y no era el momento de cambiar. Se lavó las manos en el baño continuo al dormitorio y se acercó al teléfono para marcar el consabido 133.
- Aló, buenas noches. Quiero reportar una muerte; mejor dicho, un femicidio: el número 49.
Después de informar cuidadosamente la dirección e identificación del asesino, o sea, de su persona, se dirigió a la sala y se sentó a esperar el furgón policial y el urgente ulular de la sirena. No se sentía culpable. Si se trataba de buscar por fuerza alguno , tendría que empezar por nombrar a su padre, su maldita hosquedad y su empecinamiento. Tal vez tuviera que añadir la humillante mansedumbre de su madre y, sobre todo, a esa soledad que tan tempranamente se le había colado en los huesos. Y por último, ¿quién diablos le había sugerido a Antonia que pusiera rosas amarillas en la casa?
Estaba dicho: las flores son para los muertos, y en esa casa, faltaba uno.
Amanda Espejo

domingo, 21 de diciembre de 2008

Lanzamiento Revista y premiación




El jueves 18 de diciembre, en el Auditorio del Instituto Chileno-Norteamericano de Cultura, se lanzó el primer número de la Revista de Creación Literaria El Puñal.
Varios autores leyeron algunos de los textos publicados.
Además se procedió a la premiación del Concurso de Poesía "Ciudad y Memoria".
El premio correspondió a Julieta Marchant y las menciones honrosas a Mauro A. Rojas, Carlos Almonte y Patricia Franco.
Actuó el músico Felipe Cadenasso, acompañado en voz por Bernardita Martínez.
Fue una muy grata ocasión que finalizó con un vino de honor.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Cierre Taller de Narrativa Avanzada

El día Lunes se realizó el cierre del Taller de Narrativa Avanzada. Por problemas técnicos, no pude pasar este video que habia preparado para mis compañeros de taller. Aquí se los dejo y espero que lo disfruten

lunes, 15 de diciembre de 2008

Entrevistas


Estimados, ya esta actualizado el blog del proyecto de Radio, esta vez se pueden bajar tres entrevistas que se han realizado para el programa.
solo hagan Click
AQUI

viernes, 12 de diciembre de 2008

ALGO ASÍ COMO LA MIRTA DE BAGLIETO






Este cuento ganó el primer premio en el Concurso Literario Nacional de Gendarmería con el tema integración y no discriminación.
ALGO ASÍ COMO LA MIRTA DE BAGLIETO
Mientras la miraba desvestirse lo recorrió una cosquilla nerviosa a la altura del vientre. Estaba de vuelta en casa después de años. Laura también se sentía inquieta; él había pasado a ser un extraño conocido, un hombre que la miraba sin despegarle la vista de encima como queriendo aprovechar cada segundo perdido.
Seguía hermosa. Aquel cuerpo que ahora tenía más años y batallas encima, continuaba teniendo el encanto vivo que lo envolvía cuando él la conoció. Pese a sus pliegues y a la gravedad del tiempo, sus piezas seguían en los lugares adecuados, armónicas como cuando eran jóvenes. Sí, era el mismo cuerpo que sus manos habían tocado tantas veces, el que ahora se desvestía pausado, sensual y quizá algo ceremonioso, para recostarse junto a él. Todo era distinto. Julio miraba a su alrededor y sentía con extrañeza el silencio de la noche, la prontitud del tan anhelado reencuentro, la incertidumbre. Después de mucho esperar, estaba en su dormitorio, con su música, en su cama, con su mujer, solos. Tenía miedos y ansias de algo urgentemente concreto.
Por fin consumarían el matrimonio que por años estuvo congelado. Es verdad que durante el tiempo en que estuvieron separados, existieron un par de encuentros, pero ella sentía que el camaro no era lugar para casados, y a veces él, luego de saciar sus ganas, también pensaba lo mismo. Fue por eso que solo un par de veces se les vio entrar o salir de aquellas carpas improvisadas, que ayudaban a los amantes apaciguar su sexo. La bulla del gimnasio les impedía escucharse, sentirse como lo esperaban; la bulla esa, les hacía compartir su intimidad con el gentío que se anclaba tras las telas a conversar. Ella no lo pasaba bien, cuando salían de ese escondite común, se fumaba un cigarro y, si no se iba pronto, agachaba la cabeza fingiendo leer el diario hasta que se le iba el rubor de las mejillas.
De aquel par de veces, es que no tenían un encuentro así; las visitan se limitaban entonces a comentar lo sucedido afuera o a guardar silencio cuando sentían que ya estaba todo dicho. Por eso verla quitarse la ropa, solo para él, lo hacía impacientarse, querer tocarla con apuro, intentar poner al día todo el tiempo atrasado. Era imposible.
Laura llegó a su lado y se recostó si decir nada, las miradas se toparon y ambos entregaron una sonrisa mitad cómplice, mitad asustada. Pero ya no todo era tan maravilloso como lo había sido durante el día; él había llegado temprano, y la sorpresa casi había acabado con el corazón de la mujer. Hubo almuerzo juntos y un reencuentro con la casa, las habitaciones asombrosamente intactas como cuando el tuvo que dejar la morada y las calles de la cuadra.
Pese a tener conocimiento de lo que pasaría aquella noche, Julio tenía una leve nostalgia dentro, y Laura; Laura quería consumar el acto pronto para saber si así las dudas que le quemaban dentro se apagaban. Necesitaba tomar decisiones. Era el momento. Se besaron largamente. Julio no intentó preguntarse, ni menos preguntar, si alguna vez su mujer le fue infiel. Si bien ella era leal y caminaba siempre con la verdad por delante, también era humana, hembra, y tenía derecho a buscar afuera lo que él y sus errores le habían negado. Pero las cosas miradas desde la perspectiva que fuera, a Julio le parecían de todas formas una traición, por eso prefería no saberlo. Evitarse la angustia y disfrutar del momento era algo que había aprendido por necesidad y quizá también por obligación. Laura quería que la vida comenzara pronto, a pesar de tener confianza plena en su hombre, sentía susto; eran muchos años, años que hicieron nacer una nueva primera vez.
La noche por fin se fundió con la pareja. Las manos de Julio recorrían minuciosas el cuerpo femenino, buscaban ese algo que solo ellas lograban encontrar, por su parte los labios de la mujer hacían lo mismo. A Laura se le escapaban uno tras otro los suspiros mientras comenzaba a sentirse tranquila y a disfrutar. Existía en aquel lecho un calor especial, un aire tibio y mágico que revivía, que salía al reencuentro de los miles de planes que tenía el hombre para ambos.
La mujer sorprendió en más de una oportunidad a su esposo; con el paso de los años se había vuelto más decidida, más anhelante y complaciente con sus fantasías. Él la veía inmensa, suave, dominante y más la deseaba. La noche transcurrió entre besos y abrazos. Ambos se disfrutaron mientras que sus miedos trataban de buscar otro sitio donde habitar. Al paso de las horas la pareja quedó en silencio, el ultimo soplo de Laura había indicado que no había espacio para las palabras. Se durmieron tranquilos, y junto con ellos se recogieron los titubeos que les impedían encontrar la paz.
A la mañana siguiente Julio despertó temprano, el hábito de ir a la cuenta sagradamente cada mañana le hizo cumplir con el deber aunque ya no fuera necesario. Abrió los ojos y miró a su alrededor, todo estaba en silencio y tuvo que quedarse así quieto y con los ojos abiertos un buen momento para darse cuenta que no era un sueño más de los que constantemente tenía en la casa. Miró a su lado y apartada dormía ella, frágil y fuerte a la vez. Ahora más mujer que nunca dejaba esparcir su pelo suelto por toda la almohada, sus ojos grises se encontraban cerrados en un sueño profundo, sus manos, su caja de Pandora… Era todo perfecto. Julio miró la hora, aun quedaba parte de noche pendiente, quiso acercarse a su mujer, pero se arrepintió, prefería contemplarla y de esa manera disfrutar cada segundo de su libertad. Silencioso se levantó, buscaba algo que ni él sabía lo que era, o quizá si lo sabía pero prefería ignorarlo, hacer creer al destino que el tonto era él.
Caminó a la ventana y vio las ropas de Laura dejadas a la deriva hacía un par de horas atrás. Estaba la cartera de la mujer, un bolso y un espejo de mano. Julio no pudo evitar sus instintos pasados, su curiosidad innata, sus ganas de saber algo más, de buscar pistas que lo ayudaran a calmar esa constante angustia que le impedía que su libertad fuera completa. Tomó la cartera de Laura y quiso ver que había dentro, con la capacidad que le daba la experiencia, abrió el bolso y buscó; fotos añejas, papeles, boletas, y una libreta que parecía tener la suerte de diario de vida, donde la mujer anotaba frases sueltas, nada concluido. Ideas. El hombre prefirió volver a la cama, la angustia que le producía lo desconocido había sido cambiada por una pena inmensa.
Por un momento quiso volver a su lote, soñar con una salida perfecta, defenderse de los nudos que armaban los gentiles, y separarse del mundo por unos cuantos años más. Él siempre supo el precio que tenían sus errores, pero no tenía conciencia del tamaño de la deuda afuera. A pesar de todo entendía a Laura, el no poder hacerla madre, el pasarse años a la sombra, las mentiras de la juventud y varios otros fraudes que desilusionaron muchas veces a la mujer, lo dejaban inhabilitado para exigirle algo, y según la autoestima del momento, también para exigirse algo a sí mismo. Por lo tanto prefirió volver a la cama y dormirse un rato más. No había solución a la mano.
Julio no podía conciliar nuevamente el sueño. Era imposible dormirse luego de haber estado años en ese estado. De pronto le apareció lo que muchas veces le vino en su camastro; la necesidad de renegar contra el destino, contra su enseñanza, contra los suyos. Pensando en esas cosas se quedó inmóvil, semimuerto y semiherido. Laura despertó momentos más tarde. Se levantó, se arregló como era debido, fue hasta Julio y lo besó suavemente para no despertarlo del sueño de juguete, dejando una nota sobre el velador, y salió. Tenía ganas de llorar.
A penas ella hubo salido el hombre se levantó. No la detuvo. Caminó hasta la ventana y desde allí la vio perderse a lo largo de la cuadra. Volvió a la cama y se tumbó de golpe; por un momento soñó con el pito incesante de los antimotín y la voz entrecortada de algún amigo herido en conflicto. A Julio le costaba aceptar que su esposa tuviera otro hombre, otro que fuera capaz de hacerla feliz, cosa que jamás él había logrado hacer. Con los ojos cerrados y mucha resignación, esperó su muerte, quizá tardaría mucho, pero el tiempo era lo único que tenía de sobra.
Al paso de unas cuantas horas, afuera se sintió un sonar de llaves, Julio aun jugaba a esperar la muerte. A su lado llegó Laura, estaba allí nuevamente junto a él, pero venía distinta, casi tanto, como si no fuera ella. Sobresaltado el hombre la miró; traía los ojos llorosos pero aliviados, su usual maquillaje se le había borrado de los labios y traía en la mano una bolsa con algunas de sus pertenencias.
Ambos se miraron. Ella, al ver que Julio no se había dado cuenta de la nota que le había dejado en el velador, sutilmente la tomó y la arrugó, guardándola en su bolsillo. El juego había terminado. Él, que conocía muy bien a su mujer, no quiso hacerle preguntas ni cuestionar su actuar, ya era tarde para eso. Bastaba mirarla para saber de forma exacta lo que sucedía, pero por sobre su gran herida, estaba agradecido profundamente de la oportunidad que se le estaba dando. La herida estaría ahí, en el sujeto compartido, en la incertidumbre dormida, en la dignidad. Pero no tenía nada, deseaba muchas cosas y el tiempo para entonces, le llevaba una gran ventaja, por eso, con humildad aceptó tragar el sorbo amargo y comenzar la nueva vida que se le estaba ofreciendo.
Laura lo observó con cariño, quizá con amor. La etapa de búsqueda había acabado, ya no necesitaba tener en su casa un huésped que en las noches de frío le diera calor, ya no necesitaba visitar otras moradas en busca de compañía o novedad. Por eso, creyendo que era lo mejor, con nostalgia despidió esa sombra que la acompañaba mientras su hombre se encontraba ausente. El trato había sido así. Aquella mañana, junto con la nota que nunca fue leída, el cuento clandestino se cerró. Julio no tenía ya nada que saber, él merecía una última oportunidad. Julio necesitaba ser querido.
Laura tragó su ilusión de maternidad, su espíritu aventurero y su culpa y besó a su esposo. La nueva historia recién comenzaba a escribirse. Con una sonrisa como única escapatoria, dieron vuelta la página. Comenzaron a reconstruir ya no tras las rejas, sino allí en su casa. Hubo almuerzo en pareja, caminata por la plaza, tarde de películas y sueño profundo.
Era difícil volver a amar en libertad. Ambos intentaron poner de su parte; la cosa se trataba de encontrar en esta pareja con la cual se compartía la mesa y se hacía el amor, un ser para conquistar, para sentir. Un ser para volver a soñar.


Lorena Díaz Meza
Nota: La imagen corresponde al cuadro de Nemesio Antúnez, Tanguería en Valparaíso

jueves, 11 de diciembre de 2008

DOS POEMAS


De Pablo Delgado, editor de la Revista Literaria La Mancha, de Quilicura, estos aportes:


Detenidos Desaparecidos

No confundan.
Nosotros fuimos naturaleza muerta
en el territorio de Chile.
Allegados permanentes
y cruzados de amor bajo las espigas.
Nos hacíamos el injerto para sabernos,
pero la piel nos acusaba.

Rozadas las muñecas al fervor del gentío,
nada nos era candoroso, ni siquiera nuestras sombras
que de ti y de mi nos buscaban.

Fuimos proclives en la hora nuestra,
hasta silabarios de tantas preguntas nos prodigaron
para seguir de poste en poste,
de muro en muro, como suponiendo
que tanta fábula era necesaria.

Lo fortuito era desvastado y las consignas
resignadas al diluvio en la cavidad del estadio, circo,
manusterio o fogón en el recinto donde fuimos
coludidos a marchar al son de las fisgas
que basaron nuestros cuerpos.

Se supo al fin, nos llamaron por nuestros nombres.
M254, H247.
Libres por falta de meritos.



Pablo Delgado U.
Quilicura,31/07/008


Quemando Los Muros

A Sergio Gómez M.
Aún en la vera de la impunidad
y la memoria.


Me hablaron, me dijeron tercas voces que me cubriera
que me tapara los ojos.
Y allí miré
a esa hora de la noche,
vi unos tajos, hebras de luz que bajaban por mi espalda.

No me detuve a desfondar la orilla del río,
ni a escabullir los escupitajos desde el vaivén del puente.
Escarbé como en una tumba
descubriendo terrones de flores secas.

Sin embargo, no fue suficiente el placer de la luna
quemando los muros, haciéndolos fuego y ceniza
como un crematorio más del patio 29.

No encontré mariposas quebrando mi canto
ni el aire puro que varaba en mi infancia.
Mapocho era un muelle
lleno de hormigas que mugían mis pulmones.

La hora qué importa,
el pos data dirá:
En confuso incidente muere sujeto que opuso
resistencia a las fuerzas del orden, entre sus
pertenencias no se encontraron documentos
que puedan dar con su identidad. F/23/9/73.



Pablo Delgado U.
Quilicura, 31/07/008

martes, 9 de diciembre de 2008

La ciudad y la construcción de significado en el ciudadano actual



Desde los inicios de la humanidad el hombre y su sentido gregario de la existencia han pasado por travesías contadas desde todos los ángulos del conocimiento. Podemos encontrar registros históricos de la conformación de las primeras agrupaciones humanas en postales antiquísimas retratadas en las cuevas de nuestros ancestros, esos primeros homínidos que poblaron el planeta sin imaginar siquiera que algún día contaríamos con diversos canales de comunicación para dar a conocer los colosos arquitectónicos que representan fielmente el estado de avance, o como quiéranlo llamarlo algunos más cercanos a las ciencias: “la evolución social del hombre”.

Pues bien, un coloso arquitectónico, un grupo de éstos, la conformación de las primeras civilizaciones hasta llegar a las grandes orbes de la actualidad, le deben gratitud eterna a ese sentido gregario del hombre. Pero la gratitud no es suficiente, es más en estos momentos no alcanza para comprender desde el punto de vista del sentido lo que significa y las implicancias que posee vivir en una gran ciudad y convivir con millones de sujetos inmersos en la inevitable vorágine postmoderna con la multiplicidad de significados creados a partir de las más diversas necesidades, ya sean propias o influidas por terceros.

La recurrente búsqueda de significado del ser humano a lo que éste ha construido, lo lleva a transitar por parajes que no siempre guardan relación con un concepto físico de ciudad, en primera instancia, aunque debemos aclarar que no todos los habitantes comprenden de manera crítica y juiciosa desde la opinión cívica, que una ciudad representa mucho más que el lugar donde transcurren sus vidas en un periodo de tiempo determinado. Por tanto, nos atrevemos a afirmar, que detrás de todo concepto arquitectónico subyace un concepto ideológico, filosófico y/o pragmático, que antecede a la construcción de ese lugar compartido tanto por poderosos como por ciudadanos comunes.

De lo anterior, podemos anticipar que una cuidad como concepto, cualquiera sea ésta, es una construcción que responde a diversos factores, sean estos políticos, históricos, culturales, económicos, y a la multiplicidad de necesidades manifestadas por sus habitantes, sean éstas explícitas o tácitas. Desde esta perspectiva, la ciudad es un constructo social que responde a un imperativo multicultural de orden mayor, dado que se ha constituido como el lugar ideal donde confluyen maravillosamente todas aquellas ideas que nos caracterizan como la especie creativa por excelencia.

En síntesis y como se mencionó con anterioridad, la ciudad es un constructo social que hace suyos los rasgos de dinamismo, perfectible y proyectable en lapsos de tiempo que incluyen proyectos de corto, mediano y largo plazo, como procesos modernizadores e intencionados hacia objetivos que responden (o que debieran responder) hacia la concreción de un bien común. Sabemos por los registros históricos que ésta ha sufrido cambios a consecuencia de nuestros actos, tal aseveración es aplicable a la mayoría, sino a la totalidad de las culturas actuales. Luego pensar que la cuidad es un coloso estático es un error y está muy lejos lo que hoy cualquier hombre común debiese comprender dentro de su imaginario individual y colectivo como el lugar que cobija sus necesidades y alberga sus esperanzas.

viernes, 5 de diciembre de 2008

SIGUEN LAS CLAUSURAS




El taller de narrativa de la Biblioteca Municipal, dirigido por Jaime Millas, cerrará sus actividades el Lunes 15 de diciembre a las 19 horas, con la lectura de algunos textos breves de sus integrantes.


Se invita a todos los maipucinos a presenciar este acto.

LANZAMIENTO REVISTA LITERARIA




Colectivo El Puñal tiene el agrado de invitar al lanzamiento de su Revista de Creación Literaria "El Puñal" Número 1.


Se realizará la lectura de textos publicados y la entrega de premios del Primer Concurso de Poesía 2008 "Ciudad y Memoria". Acompañarán las melodías de Felipe Cadenasso, músico emergente y líder de la banda chilena Matorral.


Este evento se realizará el jueves 18 de diciembre a las 19 horas, en el Auditorio del Instituto Chileno Norteamericano de Cultura, ubicado en Moneda 1467 (entre Teatinos y San Martín), Santiago Centro.

jueves, 4 de diciembre de 2008

CLAUSURA TALLER LITERARIO DE POESÍA


La Municipalidad de Maipú tiene el agrado de invitar a usted a la Clausura del Taller Literario de Poesía, a realizarse el día martes 9 de diciembre, a las 19.00 hrs, en la Biblioteca Municipal, ubicada en Alberto Llona N° 1921.
En este evento se expondrán los trabajos realizados durante el año por el Taller.

domingo, 30 de noviembre de 2008

LANZAMIENTO


El Departamento de Cultura de la I. Municipalidad de Maipú, tiene el agrado de invitarte al lanzamiento del libro El ejercicio del café (20 inútiles poemas y una canción de amor a la fuerza) del poeta Ricardo Sánchez, Orfo.
El evento se realizará el viernes 12 de diciembre a las 19.00 horas en el Teatro Municipal de Maipú.
La presentación del libro estará a cargo del Académico de la Universidad Católica Silva Henríquez, Profesor de Estado y Doctor en Literatura, Jaime Alberto Galgani Muñoz.

ALGO ASÍ




ALGO ASÍ



De vez en cuando, dormía así:
con los brazos cruzados,
curvos y apretados
sobre la cálida luna de su vientre.
Soñaba tal vez...
Acunando, conteniendo, prolongando
todos los calores
los orgasmos, los temblores,
inducidos por...
el tanteo, la lamida y el jadeo
del intruso persistente,
(no nombrado)
empecinado en guarecerse
en el húmedo refugio
que (ella) esconde entre sus piernas.
Los viernes, noche,
casi rozando la madrugada,
después de la venida, la irrupción
y la estampida al galope
del Amatorio Prestado
( y para no llorar su falta...)
ella dormía así.



Amanda Espejo
Quilicura/20/05/07 * Amanda Espejo reside en quilicura y es parte del GRUPO LA MANCHA, con el cual desde hace ya más de tres años publica y distribuye gratuitamente por la comarca y alrededores una revista para el discurso literario llamada LA MANCHA, en la cual tienen cabida, transversalmente, todos los que tienen algo que maifestar por medio de la palabra. El problema es sólo de espacio.

martes, 25 de noviembre de 2008

Programa de Radio Actualizado

Queridos lectores, el último programa radial transmitido el sábado 22 de noviembre ya esta listo para bajar desde el blog, solo haga Click AQUI
También el programa radial se puede escuchar por medio de la web PodCaster, haz Click AQUI

lunes, 24 de noviembre de 2008

(DES)CONCIERTO



Este es el segundo premio de poesía del Concurso "Recordando a Gabriela y Pablo"


(DES)CONCIERTO


Siguiendo tus pasos extravié mis ojos

extravié el norte

voy reptando tus desiertos como pájaro herido


soy grito taladrando sienes


soy gemido en fuga desde un violín roto


Yorka Gallegos

jueves, 20 de noviembre de 2008

PRIMER LUGAR NARRATIVA





Presentamos el texto ganador en Narrativa del Concurso "Recordando a Gabriela y Pablo



Miedo.
Dedicado a Juan Enrique Salinas Páez, mi hijo.
“Aquí es donde fui golpeado, además fui herido,
tuve miedo, pero no desistí ”.

Nikos Kazantzakis

La noche se abrigó de estrellas y trajo susurros que desterraron el tráfico a un exilio de varias horas. Por la calle iba el peligro, como una muerte anónima, dispuesto a derribar a cualquiera que no hubiese acatado la orden .Es el tiempo del apocalipsis, de la injusticia que actúa con plena certeza de triunfar. Es el fatídico toque de queda que trae las horas más amargas de los torturados. La ley de fuga es reina absoluta de la noche y la voz de una mujer, de miles de mujeres, clama para que el violador se aleje, llora para que sus entrañas no sean masacradas y humedecidas por tanta lujuria y maldad. Quizás algún nombre salga con vergüenza y remordimiento de las bocas duramente castigadas.
Es tarde, aprieto el paso y la mano del niño. Hurgo en la semioscuridad. Nadie. Entonces corremos hasta que el olor a neumáticos quemados y la picazón en los ojos me alerta. En ese instante vemos la barricada y a ellos, algunos con metralletas, otros con palas. Despejan el lugar.
Toque de queda. Ha empezado hace poco, un siglo, no sé. Lo único que siento es mi temblor y el de mi hijo. Nos deslizamos pegados a una muralla. Detrás de los árboles escondemos nuestros miedos. Maldigo en silencio haberme quedado hasta el final de la reunión. Sé que no puedo permanecer allí y retrocedo hasta la casa de la señora Elia. Anhelo un milagro, tal vez la puerta esté abierta, busco el picaporte y vislumbro la salvación. Nos zambullimos en el jardín. El perfume de las flores se pierde entre los insultos de ellos y ahí, a pocos metros, veo las botas: “ Y va a caer , y va a caer “ escucho a lo lejos, luego ráfagas de metralleta, carreras, disparos dentro de la cabeza, del corazón, todo mi ser está lleno de estruendo y pasa un segundo, quince minutos, una eternidad. Abrazada a mi hijo espero, esperamos, esperamos. Cuando todo ruido cesa, nos adueñamos de la avenida. Un perro camina lento, el hambre lo alcanzó como saeta mortífera. Nos mira con indiferencia.
Un vehículo se acerca. Instintivamente tomo a Juanito, nos escondemos detrás de un montón de tablas. “ La rueda del tiempo “ se detiene, la sangre sube a la garganta, a mi cabeza, transpiro frío, las piernas tiemblan, un ahogo golpea, derrumba. Miro. Cuatro hombres y lo único que espero es que pasen, se alejen para llegar a la tibieza de nuestra casa y refugiarnos en los brazos de Pedro. El auto avanza punzando con sus luces las casuchas amontonadas en su pobreza y desamparo. El niño no habla, apenas respira. Nuestros ojos están fijos en el peligro que se desliza como una serpiente dispuesta a matar a cualquiera. Pasan millones de años y el vehículo está detenido muy cerca del pasaje donde vivimos. Cuando la desesperación me aturde, ellos se van, desaparecen de mi vista, de mi vida, del cosmos.
Corremos, volamos hasta llegar a la puerta absurdamente abierta. Prendo la luz y casi no puedo creer lo que veo. Las sillas están volcadas, pedazos del espejo esparcidos por el suelo, la cama revuelta, el colchón abierto hace una mueca grotesca. Juanito llora al ver su payaso destrozado.
Creo nadar en un río de témpanos. Busco a Pedro .El desaliento me acorrala, un trueno estalla en el pecho y lloro junto a mi hijo. Olvido su nombre.
La voz del niño me hace reaccionar: - mamita, vámonos – lo miro, respiro profundo.
Una luna miserable alumbra. Abandono la casa, las ilusiones, mi nombre, como si fuesen ataduras. Golpeados y heridos en el alma, nos vamos.
Emilia Páez Salinas

Septiembre 2008