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jueves, 26 de marzo de 2009

LLOVIÉNDONOS / Amanda Espejo





LLOVIÉNDONOS


Podría ser... lluvia
intempestiva, caprichosa,
de aquella que no pide venia
para imponer su presencia.
Y así, a mi completo antojo
lloverme sobre ti (en silencio),
con el anonimato gratuito
que dan las multitudes.
¿Quién puede sentir mi llanto
entre millares de gotas?
Nadie. Nadie que no seas tú.

Tú, que conoces mi canto de agua.
Tú, que apaciguas las tormentas
aún, las que no habitan en lo alto.
Tú, que percibes lo intangible,
lo que no lucra de palabras:
los continuos aullidos del alma
que elévanse hacia los cielos
en busca de... nada, NADA.
No existe alivio ni otro destino,
sólo ciclos eternos
refinadas formas de dolor.
Y me lloro de nuevo
esta vez, de un modo inverso:
desde afuera hacia el centro
con la esperanza incierta de...
tal vez... lavarme de todo sufrir,
de toda nostalgia y todo sentir,
de toda certeza que no seas tú.
Y entonces, (por reflejo),
quiero encontrarme en tus ojos
para llorarme por fuera y por dentro.
Porque, este es mi sino:
no más que una mujer de agua,
sin más vida que el leve tiempo
en que escurre por tu cuerpo,
sin más anhelo ni desvelo
que un día (o quizás noche), tú...
también te mires en mis ojos
y entonces, (por reflejo),
te llores tú junto conmigo,
empapados hasta los huesos
abiertos, deshechos y rehechos,
entre esta humedad pegajosa,
doliente, cálida, fresca y gozosa
que resulta del lloverse juntos,
del regocijarse juntos
ante el descubrimiento de amar.



Amanda Espejo

Grupo La Mancha

Pintura: NADADORA, de Concepción Balmes.

miércoles, 25 de marzo de 2009

POR RAZONES DE FUERZA MAYOR...

lamentamos informar que se suspende la reunión del Círculo Literario de Maipú programada para el próximo viernes 27 de marzo.

Tan pronto como sea superado el inconveniente surgido, se comunicará a través de este blog.

martes, 24 de marzo de 2009

ENTREGA ANTOLOGIA BIBLIOTECA


El próximo lunes 30 de marzo, a las 19 horas será entregada a los alumnos de los talleres de la Biblioteca Municipal, la tan esperada antología del trabajo efectuado el año 2008.
Se invita a todos los compañeros a participar en este encuentro.

sábado, 21 de marzo de 2009

REUNIÓN CIRCULO LITERARIO DE MAIPÚ


Se confirma que la reunión se efectuará el próximo viernes 27 de marzo, a las 19 horas, en la sede de la Junta de Vecinos Manuel Blanco Encalada, en Guayaquil esquina El Porvenir.

lunes, 16 de marzo de 2009

RECTIFICACIÓN

Se rectifica la fecha indicada antes para la reunión del Círculo Literario: será el 27 de marzo.

Pido disculpas por el error.

Inicio de clases talleres Biblioteca de Maipú










Hoy lunes, a las 19 horas, se inician las clases del Taller de Narrativa Avanzada de la Biblioteca de Maipú, a cargo de Jaime Millas.

Reunión del Círculo Literario de Maipú

El próximo viernes 20 de marzo, a las 19 horas se efectuará una reunión del Círculo, según lo informado por su secretaria, Emilia Páez. El lugar está pendiente de confirmación.

lunes, 9 de marzo de 2009

DIA DE LA MUJER














Ayer, domingo 8 de marzo, el Centro Cultural Prof. Manuel Guerrero, celebró el Día de la Mujer, en la Junta Vecinal N° 6 invitando a vecinas, vecinos y autoridades a participar en un acto emotivo que contó con presentaciones a cargo de Filomena Prieto, presidenta de la Junta Vecinal, Osvaldo Mora, presidente del Centro Cultural, Emilia Páez, secretaria del Círculo Literario de Maipú, Enrique Lamas y otras personas.
Al finalizar el acto, los asistentes departieron amistosamente en torno a una mesa bien provista.

sábado, 7 de marzo de 2009

SOMOS - Amanda Espejo




A mis amigas-hermanas de género, con todo mi aprecio en este ocho de marzo, Día Internacional de la Mujer:

SOMOS


Henos aquí, de cuerpo presente:
somos hija, hermana, madre... y más.
No importa el rol ni etapa de vida
tan sólo el sello que palpita en el pecho.
Somos las desatadas, las Aguerridas,
una cierta y clara especie de mujer
que no transa el placer en aras de la virtud.
Somos las plenas, las Aguerridas,
nuestro sentir abarca todos los extremos:
sabemos llorar de alegría y de dolor.
Somos las opuestas, las Aguerridas,
nuestro corazón es de roca y miel,
coraje y ternura sustentan sus latidos.
Somos las persistentes, las Aguerridas,
cada caída es un nuevo incentivo,
una orden imperiosa a ponernos de pie.
Somos las cálidas, las Aguerridas,
en nuestra piel no se posa el invierno
y en cada risa desborda la primavera.
Somos las cíclicas, las Aguerridas,
las que miramos directo a los ojos
y no acallamos el lenguaje del cuerpo.
Somos las desnudas, las Aguerridas,
en nuestro actuar no existe subterfugio,
nuestra lengua revela caricias y verdad.
Somos las osadas, las Aguerridas,
jamás dudamos entre el “querer” y el “hacer"
ni en “poseer” en cada instante de entrega.
Porque eso somos: las Aguerridas,
mezcla sensible de suavidad y firmeza,
de instinto animal y lógica de mujer.


Amanda Espejo


Texto finalista en el Concurso de Poesía Recordando a Pablo y Gabriela

domingo, 22 de febrero de 2009

ORIGAMI



Cuento de Amanda Espejo



Anoche, volé sobre una pajarita de papel.¿Cómo? No lo sé; el caso es que sin planearlo siquiera, salí al encuentro de los amaneceres estancados. No me formulé muchas preguntas - cosa extraña en mí -, sólo me dejé llevar hacia dónde la singular figurilla me quisiera llevar. Por de pronto, ella no batía las alas y me admiré de ello por un instante (o ¿unas horas?), no lo sé, mas luego me di cuenta de que estaba impedida de hacerlo, pues la meticulosidad de sus dobleces se hubiera deshecho, y con eso, hubiera dejado de ser. También me causó extrañeza el que yo pudiera distinguir tan claramente los pliegues y textura de su papel color hueso. Ahí caí en cuenta de que había luz - no tan clara cómo el día -, una luz apenas insinuada con el frescor de las promesas. ¿Sería tal vez el amanecer? No, tampoco podía serlo. Un antiguo reloj de pared que colgaba de ninguna parte me hizo ver que eran las cuatro y cuarto de la madrugada.
"No quiero pensar..." - Irónicamente, lo pensé -. Y seguí dejándome llevar por el tranquilo vuelo de origami. Ella, la pajarita, parecía saber bien que hacer. Como no podía batir sus alas, subía en forma oblicua hasta una altura considerable y luego se dejaba caer planeando, a merced del viento, sin, a pesar de ello, perder la seguridad de su rumbo. Planeaba hasta muy cerca del suelo, hasta casi rozar las copas de los árboles, en cuyo follaje, el viento también parecía haberse estancado: todas y cada una de sus hojas permanecían estáticas, a la espera del impulso que las despertara al movimiento. Traté de no considerar la tensión reinante entre las ramas de los árboles estancados y no tardé mucho en ver ante mis ojos, las casas de los hombres.
" No entiendo...” - pensé, mientras nos acercábamos -. Estas, a pesar de contar con la techumbre de rigor, nos permitían mirar lo que pasaba dentro de ellas. Digo “nos permitían”, pensando en mi guía, porque, aunque me fue imposible descubrir en ella algún punto oscuro que asemejara un par de ojos, daba muestras de gozar a su antojo del sentido de la orientación.
"Los hombres - pensé de nuevo, mientras la desilusión me embargaba -, Yo lo que quiero es encontrar los amaneceres". Sin embargo, ella persistía en su vuelo plano cada vez más cerca de ellos. No me quedó otra cosa, que poner atención. Ahí me pude percatar que dentro de sus casas, el tiempo también se había estancado, pues ellos permanecían en tal o cual actitud en forma recurrente. Es más, se aferraban a ello como única forma de existir.
"El tiempo - afirmé -, otra vez es cosa del tiempo". Porque, sin poder evitarlo, lo asocié a los cu-cu de los relojes, que repiten una y otra vez una acción predeterminada, pues, es lo único que pueden hacer; están hechos para ello y es lo que los conduce a ser . Efectivamente, todos y cada uno de estos hombres se aferraba a una acción predeterminada para hacer de ello el eje de sus vidas. Había quién ponía todo su empeño en el trabajo y así, inmerso en el interminable quehacer de sus también inacabables labores, llegaba a ser parte del tiempo estancado dentro de sus cuatro paredes.
Otros se dedicaban a la excelsa tarea de adquirir conocimientos y así, aprendían todo lo que pudieran tener a su alcance, para, de este modo, convertirse en indispensables a su entorno y requeridos por sus semejantes. Obviamente, absortos en tan basta misión, lograban con facilidad ser parte del tiempo estancado dentro de sus cuatro paredes.
Varios de ellos - artistas, se decían - dedicaban su des-tiempo, paradójicamente, a buscar la creación perfecta. Se manifestaban a sí mismos en base a variadas disciplinas, persiguiendo incansablemente el concepto de CREAR para poder VER y así CREER, gracias a ello, que merecían estar allí, dentro del inspirado tiempo estancado entre sus cuatro paredes.
En algunos, el empeño absoluto consistía en buscar el amor para saberse amados, y desde que amanecía hasta que anochecía - cosa que daba lo mismo, puesto que la luz no cambiaba - persistían majaderamente en ello, e indeclinablemente sus repetidos: te amoooooo, al chocar contra sus cuatro paredes rebotaban a los oídos como: ME – AMOOOOOOOOO, con toda la dureza de un eco estático, dentro del tiempo estancado.
Todo lo observado hasta ese momento me fue colmando de desconcierto... no entendía NADA, aunque en el fondo, algo me decía que lo comprendía TODO. Mi pajarita parecía adivinar cada una de mis dudas y en el momento exacto en que el cansancio me sobrevino, hizo un delicado giro en el aire y me llevó hasta una sencilla choza bastante alejada de las demás casas. En aquel punto, comencé a sentir un dolor en el pecho, no sé bien si a causa del aire, que a ratos parecía espesarse a nuestro alrededor.
El vuelo se hizo más lento y rasante, y para mi sorpresa, dentro de esas cuatro paredes había una mujer que llevaba mis ropas sobre un cuerpo que, podría jurarlo, era el mío. Se hallaba sentada frente a una mesa pequeña llena de papeles y escribía sin parar sobre una cantidad indeterminada de ellos que después, iba apilando en una rumba interminable. De tanto en tanto, parecía desanimarse y soltaba por unos segundos el lápiz que, yo sentía - no sé porqué - como una prolongación de sus dedos. En esos instantes, se tapaba el rostro (que yo no alcanzaba a ver) con sus manos y descansaba su cabeza sobre la mesa, que no era tal pues, como pude darme cuenta por el espejo que tenía al frente, era un antiguo peinador.
Dicen, que la curiosidad mata al gato. Algo y mucho tiene que haber de aquello, porque, al darme captar que era un espejo lo que ella tenía ante sí, no pude evitar la tentación de acercarme para, de este modo, ver su rostro reflejado en él. ¡Jamás lo hubiera hecho...!
Ella enderezó su cabeza y deslizó sus manos hacia abajo, desnudando su identidad frente al espejo. Yo la miré... Yo la miré y ME miré en el reflejo aguado de sus (¿mis?) ojos y me pareció que toda mi vida pasaba de golpe en absurdas secuencias de milésimas de segundo. Presumo que era mi vida. Pasada o futura, no lo sé, pero sentí dolor, un dolor insoportable en el pecho a causa del sin sentido de todo lo visto y de la falta angustiante de un tic-tac establecido que, por fuerza, me llevara a un verdadero amanecer. De pronto, todo se hizo agua, como si las horas estancadas comenzaran a licuarse de un golpe, irónicamente, a secas, y la imagen (MI imagen) misma de la mujer, se deshizo frente a mí, escurriéndose por la mesa, inundando el piso, lamiendo cada espacio retenido dentro de aquel tiempo estancado entre las cuatro paredes.
No entiendo... no entiendo cómo si todo esto lo vi mientras montaba sobre la pajarita de papel, el agua pudo afectarme tanto. El caso es que de pronto, todo mi rostro estaba húmedo y luego, esta humedad se fue condensando alrededor de mis ojos y escurriendo por mi cara y mi cuello y, al llegar a mi pecho, fue inevitable que se mojara junto a mí la frágil pajarita. Y esto, que pareciera una nimiedad, no lo fue tal, porque su corto destino de origami llegó a su fin y con ello, al parecer, también el mío. En un santiamén mi pajarita no fue más que una hoja al viento que, arrugada y húmeda se precipitaba a tierra.
No entiendo... no entiendo cómo, de pronto me vi cayendo en giros y con todos mis sentidos nulos por la fuerza de la caída. Sólo recuerdo haber recuperado parte de ellos al traspasar el techo de mi casa y ver, como en un breve parpadeo, mi cuerpo dormido sobre la cama. Lo juro... no entiendo nada. Sé que recuperé el movimiento de mis brazos y piernas - un poco, no me atreví levantarme - y que la razón ¿o sinrazón?, volvió a mí en el momento en que vi la hora en el pequeño reloj sobre la pared: eran las cuatro y cuarto de una gris madrugada, del día cero, entre las cuatro paredes de mi habitación.
De los mentados amaneceres, no supe nada, pero estoy segura que por lo menos hasta que me dormí, permanecían estancados bajo la luz del farol.



Amanda Espejo
Quilicura/2/3/06.

www.lamanchadesdequilicura.blogspot.com

lunes, 16 de febrero de 2009

LEYENDO EN FEBRERO


Libro: Invierno en Grand Central,
subtítulo: Historias de la calle.
de Lee Stringer.
Buscaba al azar algún libro en la Biblioteca de Maipú. desde un listado con títulos sin nombre del autor.
Lo elegí entonces por el título, es decir, por tincada. En la solapa hay una pequeña introducción de Kurt Vonnegut, desde se lee que es un narrador autodidacta que vivió en la calle durante varios años, siendo además adicto a las drogas. Sus relatos están en primera persona – el mismo autor – y narra sus esfuerzos para sobrevivir entre los demás homeless de Nueva York, habiendo perdido dignidad y autoestima.

La versión al castellano de Mariano Antolín Rato, recuerda lo complicado que resulta traducir el lenguaje coloquial de cualquier país, a otro distinto, por lo artificial que se escucha. De todas maneras, ya se han colado unos cuantos españolismos del habla vulgar en los cerebros chilenos, gracias a la televisión española del cable.

Posiblemente la elección de este libro pudo haberse originado al haber visto en dos oportunidades, esa misma mañana camino a la Biblioteca, a dos vagabundos sentados en la acera, en estado lamentable. No se puede evitar preguntarse ¿cómo llegaron a esa situación? ¿cómo sobreviven?
Libro entretenido, narrado sin resentimientos.

Primera edición en España, 1999 – 235 pags.

miércoles, 4 de febrero de 2009

VACACIONES

En febrero ya está la mayoría de la gente en vacaciones y gozando (o sufriendo) el contacto con la naturaleza.

Se esperaba la entrega de la Antología de Talleres Literarios de la Biblioteca de Maipú, por segundo año consecutivo, pero se ha decidido suspender dicha entrega hasta marzo próximo.

No había entonces razones para el plazo perentorio en proporcionar los textos, se hubiera podido darles una última corrección con calma.

De todas maneras, se agradece contar con un testimonio del trabajo realizado en el año 2008.

sábado, 24 de enero de 2009

Bernardo Astudillo


METAMORFOSIS
Del libro LA ISLA DE LOS MUERTOS.


Julia tiene la tendencia a equivocarse cuando me llama. Por razones incomprensibles me confunde con Hernán, aunque Hernán se encuentra muy lejos y desde hace mucho tiempo no sabemos nada de él. Julia lo sigue recordando, sin dudas, y esto, acompañado por el dolor que me ocasiona su confusión, me han llevado a odiar el recuerdo de Hernán. Nada personal, me digo, pero sé muy bien que esta es una manera velada de odiar a Hernán.
Creo que son diez o quince años que no lo veo. Mamá tiene vacíos temporales que sustituyen la memoria. Ella, generalmente, lo recuerda tácitamente, con miradas, con suspiros, con alguna lágrima furtiva, evitando que yo la vea. No puedo evitar que esas expresiones mellen mi tranquilidad y resignación.
La verdad, la desaparición de Hernán fue un beneficio para mi vida, una regalía que no tiene nada de mezquino si consideramos que Hernán representa lo opuesto a mí mismo. Por añadidura me llegó Julia, sus besos y caricias, su cuerpo, sus pensamientos. Algo me dice, sin embargo, que no poseo todo de ella. Me falta su alma, esa alma que todavía recuerda a Hernán. ¿Cómo combatir a un rival invisible, habitante de los recuerdos, de las miradas y de los suspiros? Con todo, mi vida es apacible, de una tranquilidad envidiable. La rutina hace que uno se convierta en un ser mezquino e innoble, aspirando sólo a mantener su statu quo sin que nada interfiera. Debo aclarar que este estado de vida conviene a mis necesidades básicas, desdeñando todo lo demás. No soy excluyente con respecto a los recuerdos, pero mientras más lejos esté la memoria de Hernán, más tranquilo y a salvo me siento.
Pero esto es aparente. Hernán todavía vive dentro de mí como vivía en otro tiempo, cual parásito asqueroso. Me alegro de que se haya ido de nuestras vidas, aunque esto no sea un pensamiento noble. Pero, ¿quién me exige nobleza de pensamientos? Julia ignora todo. Mamá intuye algunas cosas, aunque difícilmente pueda comprobarlo. En una palabra, estoy a salvo.
Julia me llama Hernán. Es una confusión suya, pienso. Julia amaba de veras a Hernán, todavía no lo olvida. He hecho lo imposible por arrancarle el recuerdo, pero aún sigue vivo. Supongo que Hernán está en otra ciudad, en otro país, qué sé yo. Durante estos diez, quince años, he recibido dos o tres cartas suyas, todas fechadas en ciudades distintas, en países distintos. Buenos Aires, Montevideo, Madrid. Supongo que está en España. La verdad, no tengo ninguna seguridad, aunque mamá tiene la intuición de que Hernán está más cerca de lo que imagino. No sería raro encontrarlo de repente en la calle, pero yo lo dudo. De ser así, ya hubiera aparecido.
La lejanía de Hernán me entregó a Julia, lo cual debo agradecer profundamente, ya que Julia representa para mí un sueño hecho realidad. Mujer como ella es difícil de encontrar. No es una belleza común, una modelo de revista, pero sí una mujer apreciable y valiosa como ser humano. Si sólo dejara de llamarme Hernán…
Una manía suya, pienso. A veces mamá también me llama Hernán, confundida y dejándose llevar por el ejemplo de Julia. Creo que cambiaré mi nombre para evitarles la molestia de tratar de recordarme y dejaré de ser yo para convertirme de una vez por todas en Hernán.
He tomado este acuerdo pensando en el bienestar de la familia, para evitar dolores innecesarios.
Finalmente lo he hecho. Un sencillo trámite de dos meses en el Registro Civil, unos cuantos papeles, algunas omisiones, una firma falsa, una fotografía para el carné, la fecha de nacimiento de Hernán, etcétera.
Ahora oficialmente me llamo Hernán. Tengo carné nuevo, cara nueva, carácter nuevo. Ahora soy Hernán, finalmente.
Cuando llegue esta tarde a casa seré recibido como Hernán y nadie mencionará mi nombre. Se habrán olvidado de mí.
Sólo espero que Julia algún día me recuerde como antes se recordaba de Hernán, y tal vez entonces, llevado por el mismo instinto de salvar la salud mental de la familia, el nuevo Hernán decida cambiar su nombre y tomar el mío como disfraz.



Santiago, 12 de octubre de 2005





*Bernardo Astudillo nace en santiago (Chile) en 1962. Colaborador de revistas de índole literaria, donde se cuentan Caballo Negro y La Mancha, publicando artículos de cine. En 2005 aparece su primer volumen de cuentos, El tiempo invertido y otros relatos.
La Isla de los Muertos es su segunda recopilación de relatos.

Dibujo: Marco Antonio Sepúlveda.

miércoles, 7 de enero de 2009

Programa Radial para rato

El Blog del programa de radio sigue con sus actualizaciones. Además no olviden que el programa aparece semana a semana actualizado en http://www.podcaster.cl/category/artes/circuito-literario/

martes, 6 de enero de 2009

El gusano


Recibimos noticias de un libro de Pablo Delgado. Publicamos el prólogo y un fragmento de la obra.

Pablo Delgado, sin editar, no antologado en la historia de la poesía chilena y lejos de ser un poeta maldito, ni siquiera seguidor de Parra, nos frunce su seño para presentar ahora Gusano de Tierra, texto que merodea embates de pocas páginas, que como autor considera su nacer en el ámbito de la escritura. Su trajinar lo hace partícipe de algunos premios y otras menciones a nivel regional. Creador, parte del grupo La Mancha, edita y escribe periódicamente su editorial. Consignado en algunos Blogs con crónicas de fuste, y mencionado en otros sitios donde germinan proclives autores.
Nacido en Viña del Mar, inicia su gesta hacia la poesía editando textos, plaqués, y cuadernillos para otros autores. Hoy, consagra en esta edición su ya tan hematomatizado discurso poético convertido en este libro.
GUSANO DE TIERRA
Decepcioné al gusano:
Lo que ella hizo, lo que ella habló eso es verdad.
Porque no soy verdad yo, ni es verdad ella ni eres verdad tú.
Alguien que va a ser dice algo que no es.
Todas las bocas son necias; todas las palabras, necesarias.
De VENUS EN EL PUDRIDERO
Eduardo Anguita
Yo, pobre gusano de tierra.
A menudo
y sin reconocer las hojas
espero
que la gracia sea sobre nosotros,
que somos tan solos cada mañana.
Que infundimos el temor a tu raíz
de tanto
quedarnos en ella.
Al fin, rehaciendo tu historia de húmeda
perseverancia. Me detengo, doy vuelta la tierra
casi con la certeza de que la luz me atraviesa los
ojos. Y sigo allí, plantado como tú, creciendo
apestado a musgo, contemplando la espesura
que ha dejado tu polen.
Que al rigor de esa posición
y temblando los tallos
surges como otras cosas que disueltas caen
y se recogen.
Cuando he concebido entre nosotros
decretos de afán, para unirnos
en nuestro breve espacio.
Ya consagrado a esta faena. Donde se abren los
témpanos y lejos de las luces, me fui en vértigo
con la roca.
Allí, centrando el paisaje, ensordecí mis ojos
reptando el costado de la piedra.
Crezco con la certeza de tu olor hacia las galerías
fecundadas. Me detengo en la dureza de la
piedra, recorro tus tallos; esa longitud de temblor
y frío buscando la bruma del jardín entre tus
pétalos.
Por los brotes
y trozándola quebrada,
sin que nada fuese playa
o bruma bajo donde tender la baba.
Posados y babeando
el anillo húmedo del roce.
volteamos la sombra
en clave dejada por el árbol.
Ahí estaré
nuevamente con mis visiones,
amortiguada luz que retrocede.
Que trepa
que ocupa lugar frente a mis ojos
violetas de tanto pasado
de pálidos escombros.
Serpenteo como el gusano, el cual por
resignación, por simple hecho impostergable
acude hoy por hoy al lugar donde te he conocido.
Ceñido a la sombra delos tallos
y secos ya como paja,
olfateo la fruta.
El hueco de las pepas busco,
el vacío puro de tu pulpa
donde aguardar mi lengua.
(Fragmento del libro GUSANO DE TIERRA).

domingo, 28 de diciembre de 2008

Borrador de proyectos



















Como todos los años, se hacen proyectos sobre las actividades del próximo.¿Qué se puede esperar en el Círculo Literario?

En primer lugar, abrir el segundo concurso literario Pablo Guíñez, que en el año pasado fue convocado para poesía y que ahora podría estar dirigido a la narrativa. Recordemos que en 2008 el premio fue un libro de pequeño formato, pues es la mejor manera de premiar a un escritor: publicando su obra. Esta vez podría ser una cantidad de relatos para un volumen algo mayor, pues el narrador necesita mayor amplitud para expresarse. En el primer certamen se estableció que los concursantes debían habitar en Maipú. Sin embargo, el requisito resultó limitante, porque no fueron muchos los trabajos presentados. De mantenerse la restricción, habría que desplegar mayores esfuerzos en dar a conocer el concurso y obtener una concurrencia más relevante. Factor importantísimo lo constituye el jurado y por lo tanto, habría que obtener la colaboración de escritores de la talla de los poetas Raúl Zurita y José María Memet, que actuaron en el primer evento.

Otra actividad de máximo interés es la continuidad de la Revista Cultural Maipú, para la cual no hubo presupuesto durante el 2008 en el Depto. de Cultura, ya que sólo apareció a fines de año un ejemplar editado por la Municipalidad en forma directa.

La tercera parte del futuro proyecto podría ser la participación en los Fondos Concursables del Círculo, que permitan difundir la literatura entre la población de la comuna, contribuyendo así al fomento del libro y la lectura.

En el pasado se reunían integrantes e invitados en los cafés literarios, lo cual fue interrumpido al no contar con espacios adecuados, ya que la Biblioteca Municipal no dispuso de tardes libres este año, además de decidir la presentación de sus propias tertulias literarias y el Teatro Municipal estuvo ocupado íntegramente por oficinas. Como ahora se han trasladado al edificio consistorial ya en buenas condiciones, existe posibilidad de retomar esta costumbre, para lo cual se estudiaría la mejor forma de hacerlo con buen éxito. En las anteriores ocasiones se han presentado autores de la organización dando a conocer sus obras, se ha invitado a escritores de otras comunas o se ha dado cita a diversos participantes en torno a una idea central. Es una buena ocasión de reunir a diversas personas a tomar parte en una conversación de un tema literario con el apoyo de la música y artes visuales en la reconfortante compañía de un café.

Otra actividad de interés sería organizar talleres literarios en las diversas juntas vecinales, para acercar a los jóvenes las herramientas necesarias para mostrar y desarrollar su obra poética o narrativa.

Hay un punto que personalmente me interesa desde hace tiempo: los libros artesanales y los libros objeto. Los hay hermosos, prácticos, tremendamente creativos. Deseable sería obtener la asesoría de personas que practiquen este arte, aprender las diversas técnicas y comenzar a armar nuestros propios libros en pequeñas cantidades, para compartir con otros centros literarios.

Ahora, invito a los demás integrantes del grupo a sugerir sus propios proyectos. Termino deseando a todos un nuevo año fructífero en actividades y obras concretas, además de pasarlo bien con muchísima salud.

martes, 23 de diciembre de 2008

LA NÚMERO 49


Este cuento de Amanda Espejo, recibió Mención Honrosa en el Concurso Literario "Recordando a Gabriela y Pablo" 2008.
LA NUMERO 49



A Bernardino Ureta, desde siempre - o por lo menos, desde que era capaz de recordar -, le cargaban las flores; especialmente, cuando se encontraban dentro de una casa. Posiblemente, este disgusto le había sido heredado de su padre, un hombre tan tosco como empecinado , características talladas a golpes de cincel sobre su persona durante años y años de trabajo doliente en las minas ya extintas de carbón.
Bernardino padre, solía decir que las flores eran para los muertos, y cada vez que doña Emma, su mujer, se atrevía a poner tres o cuatro de ellas en un florero, por disimulada que fuese, el hombre acababa descubriéndolo y lanzándolas por la ventana.
- Las flores, a los cementerios. No quiero malos augurios en mi casa.
Y entonces Emma, sin esperar que se lo repitieran, entre aterrada y sometida, terminaba barriendo de prisa los restos de tallos quebrados, de pétalos esparcidos y vidrios rotos, antes de que su hombre hiciese lo mismo con ella.
Una imagen como esa fue la que se le vino a la cabeza a Bernardino esa tarde, al entrar a su casa y ver sobre el esquinero de la entrada un recipiente de loza imitación chino, con seis rosas amarillas recién abotonadas. Seguramente Antonia, su mujer, hubo de ponerlas allí. ¿De donde las habría sacado? No lo sabía. Habría que preguntárselo a ella cuando llegase, es decir, cuando se le diera la gana de llegar, porque últimamente, a él cada vez se le hacían más largas las salidas de su Antonia los días en que a él le tocaba llegar primero a casa y esperar.
Esperar era algo que exasperaba a Bernardino un poco más que las estúpidas flores que le daban la bienvenida, y tanto o más aún que su implacable soledad. La soledad lo perturbaba, lo disminuía y lo hacía acabar, inevitablemente, enfrentado a su propia persona. En aquellos momentos, a él no le gustaba lo que veía. No le gustaba tener que preguntarse ni contestarse nada. Desconfiaba de sí mismo, de la intención de sus preguntas y de lo torcido de sus respuestas. Menos todavía soportaba el estar solo y tener que esperar por algo o alguien en particular. En esas ocasiones solía pensar que la vida era - y había sido - injusta para con él, y una rabia profunda y viscosa comenzaba a apoderarse de sus pensamientos sin que pudiera hacer nada para evitarlo. Lo peor de todo, era que Antonia lo sabía. Hacía ya más de dos años, cuando decidieron vivir juntos, ambos se habían sincerado y contado uno al otro sus sueños, sus temores y todo lo que en general, esperaban de su convivencia. Las promesas habían surgido dulce y espontáneamente de los labios de Antonia. Las de él, fueron roncas y temblorosas; no por ello menos emocionadas. Ella, conociendo su pasado de soledades, le había prometido no dejarlo nunca solo y dedicarse, en lo posible, sólo para él.
Así había sido durante casi un año. Luego, vino el deseo manifestado por ella de trabajar algunos días a la semana.
- Es por el tiempo que me sobra... - le dijo - , y también para ayudarte con los gastos. Total, sería en el horario en que tú no estás en casa.
Bernardino aceptó muy a su pesar. No tenía argumentos como para oponerse: ambos, de mutuo acuerdo habían decidido postergar el momento de ser padres. Ella, por su extremada juventud y pensando en prolongar lo más posible su luna de miel. Él, sin atreverse a decirlo, para no compartir con nadie el amor de su Antonia. Estaba sediento de ello, aún antes de conocerla.
Es por eso que Bernardino no entendía los cambios que se habían suscitado a partir de esa decisión. Al principio, la cuestión de los horarios había andado bien: casi siempre coincidían en la llegada o, mejor aún, ella se le adelantaba y le esperaba alegre y dispuesta a compartir los sucesos del día.
Algo cambió a partir del tercer mes; así lo creía Bernardino. Las horas de ella se fueron haciendo más y más largas y él, contra todo su deseo, se encontró tres tardes a la semana solo y esperando que ella apareciera por la puerta y le diera sentido a su vida.
Esa tarde, mientras esperaba le daba vueltas a su rabia y no podía explicarse qué era lo que estaba pasando en su vida; qué o quienes la estaban destruyendo. Sólo dos meses antes, Antonia, con lágrimas en los ojos y su mejor sonrisa le había asestado el primer golpe mortal.
- Mira - le dijo apenas él entró, al tiempo que le pasaba un aparato pequeño y desconocido para él -. ¿Te fijas en esas rayitas?
Él negó con la cabeza, mientras un puño apretado se regocijaba en su estómago.
- Es un test, y significa...que vamos a ser papás.

Tirado en el sillón, mientras unas sombras verdosas se adueñaban de las paredes de la casa, a Bernardino le dio nauseas el tan sólo recordarlo. Nada había sido igual para él después de ese momento. Un silencio hosco, también heredado de su padre, se fue enraizando en él , y Antonia, SU Antonia, embelesaba como estaba en su nuevo estado, apenas si le prestaba atención.
Diez para las ocho de la noche la puerta se abrió y el umbral se vistió de Antonia. Él la observó en silencio por unos segundos antes de saludarla. Intercambiaron el beso de costumbre y ella le hizo notar la hermosura de las flores que había puesto para simbolizar su alegría. Él asintió en silencio, mientras pensaba - no sabía por qué - que el amarillo sentaba bien a las facciones de Antonia y al pardo tranquilo de sus ojos. Cenaron como siempre; luego, él quiso brindar y abrieron un vino blanco que vertieron alegres en sus copas.
- Voy a brindar... por el último brindis - dijo ella, mientras alzaba el brazo y lo invitaba a compartir el gesto.
Ante el desconcierto de él, Antonia rió y explicó:
- Es el último, porque debes saber que una futura mamá no debe seguir bebiendo.
Bernardino asintió de nuevo y apuró su copa hasta el final.
No quiso acostarse cuando ella se adormiló con la bebida. Se quedó un rato más en el sillón de vinilo rojo mientras recorría con la mirada todo su pequeño entorno, todo lo logrado por él hasta ahora para compartirlo entre dos. Toda una familia como la que siempre quiso, pero, de a dos. Definitivamente - y al decir de su padre -, él era un cobarde, y este nuevo mundo que se le auguraba no era el que siempre soñó forjarse. Se sintió más sólo que nunca allí, en la sala, mientras Antonia respiraba al compás del sueño. Sin darse cuenta y sabiéndolo a la vez, se puso de pie y fue hasta la cocina. Buscó el resto de vino y lo bebió de la botella hasta el concho. Luego, abrió el cajón de la izquierda y sacó un cuchillo pequeño, pero filoso: el que usaba ella para cocinar. Se dirigió al dormitorio y avanzó hasta quedar al lado de la cama y de su Antonia. La miró con más atención que nunca: ya no le pareció tan bonita, ni su rostro tan inocente como antes...seguramente, a causa de sus mentiras. Ahora estaba seguro: Antonia lo había engañado desde un principio, sino, no se explicaba un cambio tan radical en su persona y en sus planes. Ella sabía, SABIA cuanto detestaba él la soledad. Sabía que un amor repartido entre tres, cuatro , o los que sean, se va debilitando hasta que no queda más que el deber y la costumbre. Él se lo había planteado, le había contado de su niñez en desarraigo, de la brutal indiferencia del padre, de los hermanos que nacían como conejos y del sufrimiento de su madre, secándose de año en año hasta convertirse en un despojo sin restos de sonrisas en su olvidado rostro.
Bernardino nunca quiso - y se lo había jurado - eso para él. Fue por ello que sacó fuerzas y, sin hacer ruido se inclinó sobre el cuerpo indefenso de Antonia posando, suavemente, el cuchillo sobre su garganta. No quería violencias. No las soportaba ni tampoco las necesitó: un empujón firme y decidido cercenó de un corte la traquea de Antonia sin escenas desagradables.
Dado los últimos acontecimientos policiales de ese año, se suponía que debería terminar su actuación auto infiriéndose los cortes necesarios para causar su propia muerte o, al menos, evitar ser tratado como la bestia que había interpretado. No pudo hacerlo. Como siempre lo había sabido, él era un cobarde y no era el momento de cambiar. Se lavó las manos en el baño continuo al dormitorio y se acercó al teléfono para marcar el consabido 133.
- Aló, buenas noches. Quiero reportar una muerte; mejor dicho, un femicidio: el número 49.
Después de informar cuidadosamente la dirección e identificación del asesino, o sea, de su persona, se dirigió a la sala y se sentó a esperar el furgón policial y el urgente ulular de la sirena. No se sentía culpable. Si se trataba de buscar por fuerza alguno , tendría que empezar por nombrar a su padre, su maldita hosquedad y su empecinamiento. Tal vez tuviera que añadir la humillante mansedumbre de su madre y, sobre todo, a esa soledad que tan tempranamente se le había colado en los huesos. Y por último, ¿quién diablos le había sugerido a Antonia que pusiera rosas amarillas en la casa?
Estaba dicho: las flores son para los muertos, y en esa casa, faltaba uno.
Amanda Espejo

domingo, 21 de diciembre de 2008

Lanzamiento Revista y premiación




El jueves 18 de diciembre, en el Auditorio del Instituto Chileno-Norteamericano de Cultura, se lanzó el primer número de la Revista de Creación Literaria El Puñal.
Varios autores leyeron algunos de los textos publicados.
Además se procedió a la premiación del Concurso de Poesía "Ciudad y Memoria".
El premio correspondió a Julieta Marchant y las menciones honrosas a Mauro A. Rojas, Carlos Almonte y Patricia Franco.
Actuó el músico Felipe Cadenasso, acompañado en voz por Bernardita Martínez.
Fue una muy grata ocasión que finalizó con un vino de honor.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Cierre Taller de Narrativa Avanzada

El día Lunes se realizó el cierre del Taller de Narrativa Avanzada. Por problemas técnicos, no pude pasar este video que habia preparado para mis compañeros de taller. Aquí se los dejo y espero que lo disfruten